Es la eliminación de los materiales
sólidos o semisólidos sin utilidad que generan las actividades
humanas y animales. Se separan en cuatro categorías: residuos
agrícolas, industriales, comerciales y domésticos. Los
residuos comerciales y domésticos suelen ser materiales orgánicos,
ya sean combustibles, como papel, madera y tela, o no combustibles,
como metales, vidrio y cerámica. Los residuos industriales
pueden ser cenizas procedentes de combustibles sólidos, escombros
de la demolición de edificios, materias químicas, pinturas
y escoria; los residuos agrícolas suelen ser estiércol
de animales y restos de la cosecha.
Métodos de eliminación
La eliminación de residuos mediante vertido controlado es el
método más utilizado. El resto de los residuos se incinera
y una pequeña parte se utiliza como fertilizante orgánico.
La selección de un método u otro de eliminación
se basa sobre todo en criterios económicos, lo que refleja
circunstancias locales. En cuanto al reciclado, se prevee que para
el año 2000 se reciclará la mitad de los residuos domésticos.
Vertido controlado
El vertido controlado es la manera más barata de eliminar residuos,
pero depende de la existencia de emplazamientos adecuados. En general,
la recogida y transporte de los residuos suponen el 75% del coste
total del proceso. Este método consiste en almacenar residuos
en capas en lugares excavados. Cada capa se prensa con máquinas
hasta alcanzar una altura de 3 metros; entonces se cubre con una capa
de tierra y se vuelve a prensar. Es fundamental elegir el terreno
adecuado para que no se produzca contaminación ni en la superficie
ni en aguas subterráneas. Para ello se nivela y se cultiva
el suelo encima de los residuos, se desvía el drenaje de zonas
más altas, se seleccionan suelos con pocas filtraciones y se
evitan zonas expuestas a inundaciones o cercanas a manantiales subterráneos.
La descomposición anaeróbica de los residuos orgánicos
genera gases. Si se concentra una cantidad considerable de metano
pueden producirse explosiones, por lo que el vertedero debe tener
buena ventilación. Técnicas más recientes apuestan
por el aprovechamiento de estos gases procedentes de la descomposición
como recurso energético.
Incineración
Las incineradoras convencionales son hornos o cámaras refractarias
en las que se queman los residuos; los gases de la combustión
y los sólidos que permanecen se queman en una segunda etapa.
Los materiales combustibles se queman en un 90%. Además de
generar calor, utilizable como fuente energética, la incineración
genera dióxido de carbono, óxidos de azufre y nitrógeno
y otros contaminantes gaseosos, cenizas volátiles y residuos
sólidos sin quemar. La emisión de cenizas volátiles
y otras partículas se controla con filtros, lavadores y precipitadores
electrostáticos.
Elaboración de fertilizantes
La elaboración de fertilizantes o abonos a partir de residuos
sólidos consiste en la degradación de la materia orgánica
por microorganismos aeróbicos. Primero se clasifican los residuos
para separar materiales con alguna otra utilidad y los que no pueden
ser degradados, y se entierra el resto para favorecer el proceso de
descomposición. El humus resultante contiene de un 1 a un 3%
de nitrógeno, fósforo y potasio, según los materiales
utilizados. Después de tres semanas el producto está
preparado para mezclarlo con aditivos, empaquetarlo y venderlo.
Recuperación de recursos energéticos
Es posible recuperar energía de algunos procesos de eliminación
de residuos. En general se pueden hacer dos grupos: procesos de combustión
y procesos de pirólisis. Algunas incineradoras se aprovechan
para generar vapor. En las paredes de la cámara de combustión
se colocan tubos de caldera; el agua que circula por los tubos absorbe
el calor generado por la combustión de los residuos y produce
vapor.
La pirólisis o destilación destructiva es un proceso
de descomposición química de residuos sólidos
mediante calor en una atmósfera con poco oxígeno. Esto
genera una corriente de gas compuesta por hidrógeno, metano,
monóxido de carbono, dióxido de carbono, ceniza inerte
y otros gases, según las características orgánicas
del material pirolizado.
Reciclado
La práctica del reciclado de residuos sólidos es
muy antigua. Los utensilios metálicos se funden y remodelan
desde tiempos prehistóricos. En la actualidad los materiales
reciclables se recuperan de muchas maneras, como el desfibrado,
la separación magnética de metales, separación
de materiales ligeros y pesados, criba y lavado. Otro método
de recuperación es la reducción a pulpa. Los residuos
se mezclan con agua y se convierten en una lechada pastosa al pasarlos
por un triturador. Los trozos de metal y otros sólidos se
extraen con dispositivos magnéticos y la pulpa se introduce
en una centrifugadora. Aquí se separan los materiales más
pesados, como trozos de cristal, y se envían a sistemas de
reciclado; otros materiales más ligeros se mandan a plantas
de reciclado de papel y fibra, y el residuo restante se incinera
o se deposita en un vertedero.
Las autoridades locales de muchos países piden a los consumidores
que depositen botellas, latas, papel y cartón en contenedores
separados del resto de la basura. Unos camiones especiales recogen
los contenedores y envían estos materiales a las instalaciones
de reciclado, reduciendo el trabajo en incineradoras y los residuos
en los vertederos.
Residuos peligrosos
Algunas sustancias biológicas, los compuestos químicos
tóxicos e inflamables y los residuos radiactivos son peligrosos.
Estas sustancias pueden ser gaseosas, líquidas, semisólidas,
sólidas o gaseosas.
Las sustancias radiactivas son peligrosas porque una exposición
prolongada a su radiación daña a los organismos vivos
(véase Efectos biológicos de la radiación), y
porque las sustancias retienen la radiactividad durante mucho tiempo.
Este tipo de residuos no se elimina, se almacena dentro de contenedores
en lugares protegidos. Se han estado almacenando en fosas marinas,
pero este método no permite recuperar lo depositado ni controlar
el estado de los contenedores. Otros métodos más adecuados
son su almacenamiento en silos de hormigón o en formaciones
geológicas profundas, aunque ninguno es del todo fiable a largo
plazo.
Contaminación producida por el
tráfico:
Contaminación debida al exceso de circulación rodada
y provocada sobre todo por la quema de combustibles fósiles,
en especial gasolina y gasoil.
Los contaminantes más usuales que emite el tráfico
son el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno,
los compuestos orgánicos volátiles y las macropartículas.
Por lo que se refiere a estas emisiones, los transportes en los
países desarrollados representan entre el 30 y el 90% del
total. También hay compuestos de plomo y una cantidad menor
de dióxido de azufre y de sulfuro de hidrógeno. El
amianto se libera a la atmósfera al frenar. El tráfico
es también una fuente importante de dióxido de carbono.
El monóxido de carbono es venenoso. A dosis reducidas produce
dolores de cabeza, mareos, disminución de la concentración
y del rendimiento. Los óxidos de nitrógeno y azufre
tienen graves efectos sobre las personas que padecen asma bronquial,
cuyos ataques empeoran cuanto mayor es la contaminación, pues
además estas sustancias irritan las vías respiratorias,
si bien aún no hay una explicación médica precisa.
Entre los compuestos orgánicos volátiles está
el benceno, que puede provocar cáncer, al igual que el amianto,
aunque su efecto sólo está claramente establecido a
dosis más altas que las debidas al tráfico. Las macropartículas
son partículas sólidas y líquidas muy pequeñas
que incluyen el humo negro producido sobre todo por los motores diesel
y se asocian a una amplia gama de patologías, entre ellas las
enfermedades cardíacas y pulmonares. El plomo dificulta el
desarrollo intelectual de los niños. El dióxido de carbono
no siempre se clasifica como contaminante, pero sí guarda relación
con el calentamiento global.
La mayor preocupación por la contaminación que produce
el tráfico rodado se refiere a las zonas urbanas, en donde
un gran volumen de vehículos y elevadas cifras de peatones
comparten las mismas calles. Ciertos países controlan ya los
niveles de contaminación de estas zonas para comprobar que
no se sobrepasan las cifras establecidas internacionalmente. Los peores
problemas se producen cuando se presenta una combinación de
tráfico intenso y de calor sin viento; en los hospitales aumenta
el número de urgencias por asma bronquial, sobre todo entre
los niños. Las concentraciones son más elevadas en las
calzadas por donde circulan los coches, o cerca de éstas (es
probable que el máximo se alcance de hecho dentro de los vehículos,
donde las entradas de aire están contaminadas por los vehículos
que van adelante) y se reducen con rapidez incluso a poca distancia
de la calzada sobre todo si sopla el viento. Sin embargo, aparte de
los efectos directos sobre la salud de las personas que respiran los
humos del tráfico, los productos químicos interactúan
y producen ozono de bajo nivel, que también contribuye al calentamiento
global, así como lluvia ácida, la cual tiene efectos
destructores sobre la vida vegetal, aun en países alejados
de las fuentes de emisión.
Los catalizadores limpian parte de las emisiones, pero no así
el plomo, el dióxido de carbono ni las macropartículas.
Hay plomo porque se añade a la gasolina para mejorar el rendimiento
del motor. Es posible reducir su empleo aplicando diferenciales de
precios. El dióxido de carbono es inevitable en los combustibles
fósiles; su reducción depende de la utilización
de otros combustibles, de mejorar la eficacia del combustible o de
reducir el volumen de tráfico. En muchos países, reducir
la contaminación que provoca el tráfico es una de las
grandes prioridades y, en la mayoría de los casos (aunque no
siempre), se reconoce que ello puede pasar por restringir en cierta
medida el aumento del volumen total de tráfico, ya sea con
medidas de urgencia durante algunos días, cuando la contaminación
es demasiado alta, o mediante políticas más completas
a largo plazo. La calidad del aire es uno de los motivos de políticas
como la implantación de zonas peatonales en el centro de las
ciudades, la limitación del tráfico y la creación
de autopistas de peaje.
Contaminación acústica:
Término que hace referencia al ruido cuando éste se
considera como un contaminante, es decir, un sonido molesto que puede
producir efectos fisiológicos y psicológicos nocivos
para una persona o grupo de personas. La causa principal de la contaminación
acústica es la actividad humana: el transporte, la construcción
de edificios y obras públicas, la industria, entre otras. Los
efectos producidos por el ruido pueden ser fisiológicos, como
la pérdida de audición, y psicológicos, como
la irritabilidad exagerada. El ruido se mide en decibelios (dB); los
equipos de medida más utilizados son los sonómetros.
Un informe publicado en 1995 por la Universidad de Estocolmo para
la Organización Mundial de la Salud (OMS), considera los 50
dB como el límite superior deseable. Además, cada país
ha desarrollado la legislación específica correspondiente
para regular el ruido y los problemas que conlleva.
Enrique E. Rueda
Licenciado en Higiene y Seguridad Industrial
Buenos Aires-Argentina
e-mail: eerueda@mixmail.com
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